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  Buenos vecinos somos todos aquellos que ansiamos la verdad como forma de vida.

¿Quiénes somos –o quién soy? Esta es la cuestión. Soy el único que opera con Los Buenos Vecinos (www.losbuenosvecinos.com.ar). Sin embargo me sirve de ayuda la “gran prensa” y variados sitios Web, de cuya lectura saco ideas que me permiten llegar a conclusiones. Pertenecer, sin dudas, como se dice, aun cuando sólo observo con ojo crítico y los reflejos atentos. Y serán las contradicciones y los contrastes que a menudo ofrece la gran prensa los que moverán mi interés en escribir las notas que luego ustedes leerán.

Pero, ¿cómo poder describir qué lecturas o páginas de la Internet me han conducido a tal o cual conclusión? Imposible saberlo con certeza. Las ideas suelen ser fruto de un poquito de todo lo visto y vivido, con el filtro de la experiencia y las evaluaciones personales frente a los hechos, opiniones y análisis leídos.

En ese aspecto, tampoco me puedo definir como editor. Cambio y me adecuo, o reacciono, según lo que veo y encuentro en las lecturas diarias. Soy un buceador solitario de motivaciones puesto a “investigar” para encontrar la chispa inspiradora y luego escribir. No soy periodista. No podría jamás serlo por carecer del oficio y de la práctica formal necesaria. Tampoco tengo vocación en el sentido que se entiende esta profesión. Cierto, he sido fotógrafo de revistas por casi 37 años."Foto reporter" o "reportero gráfico" como viene clasificada esta profesión. Los últimos 16 al servicio de la editorial Perfil. Esto me ha dado una cierta práctica para ver de cerca cómo funciona el periodismo y me ha permitido saber por qué, en algunos casos, debo no serlo.

Ocasionalmente, al encontrarme con periodistas amigos, hice alguna observación sobre algún artículo por ellos mismos escrito y remarcaba los puntos que me llamaban la atención de las notas de opinión fundamentadas sobre una visión distorsionada de la realidad. Muchas veces el silencio “asumido” era la respuesta y, con ello, mi instantáneo comprender que los mismos autores de los artículos eran conscientes del error, pero de igual modo lo reafirmaban. Todo un descubrimiento que me hizo pensar mucho sobre el periodismo y sus consecuencias sociales.

Descubrí que, la mayoría de las veces, fuerzas económicas “ocultas” manejaban desde la sombra las informaciones para atender a sus propios intereses. Y esto creaba en la gente una confusión, una distorsión de lo real, distorsión que, a su vez, generaba una 'somnolencia' que quitaba al individuo su capacidad de reacción o decisión. Justo cuando, gracias a los avances tecnológicos, era necesario tener un 'ciudadano' más conciente y más participativo en las decisiones, en el marco de una conciencia de mayores libertades y derechos individuales la prensa actuaba con sutileza para inhibir este evento.

Y comprendí también que había un nicho que ofrecía alguna posibilidad para recorrer un camino que vislumbraba un medio de comunicación periodístico veraz y "debatido".

Me apasionó el desafío. Todo lo que expreso en este sitio hace parte de mi punto de vista personal, establecido sobre investigaciones de “entre líneas” de las noticias publicadas y con sólidas convicciones que se desprenden de análisis que perseveran al afirmar los valores culturales que el paso de los tiempos puede hacer perder y, en esa dirección, buscar la verdad y cultivar el sentido común, atando cabos, seguir la lógica más pura que, bien fundamentada, puede tener tanta exactitud como la matemática. El mismo criterio de edición se aplica para las notas que hospedo de otros autores a quienes agradezco la posibilidad que me ofrecen de publicar sus trabajos, aportando su preciosa contribución para volver más rico y amplio el sentido del sitio.

Me formé con los años y la experiencia. La experiencia es algo muy fuerte si la tenemos presente y filtramos con ella la realidad. La primera vez que hice una nota policial yo era aún (y sigo de algún modo siendo) una persona crédula. El policía le dictó decidido al periodista que me acompañaba: ''Usted diga, 'según fuentes bien informadas’, no me cite como fuente. Lo voy a negar todo si lo hace''. Y el periodista así hizo. Lo que pude descubrir después fue que todo lo dicho por el policía era mentira. Estaba defendiendo un asesino ''amigo de la casa''. El asunto en cuestión ya quedó en el olvido y el asesino libre y olvidado hasta de sí mismo. Pero el hecho se grabó en mi cabeza de manera indeleble.

Esa es la experiencia: notar cuan desenfadado y convencido parece el hombre cuando miente. Y, casi siempre, la mentira gana la batalla o la guerra.

El psicólogo Robert Feldman de la Universidad de Massachusetts afirmó, después de realizar un estudio serio sobre el asunto, que “un hombre dice tres mentiras cada 10 minutos”. Yo, en lo personal, le creo. Todos mentimos y, sobre la piedra de la mentira, hemos construido nuestra gloriosa iglesia. Miente la Biblia, mienten los curas, mienten los empresarios, mienten los políticos, miente el rico, miente el pobre, todos mentimos.

¿Sentirnos culpables? Para nada. Es nuestra rutina diaria asimilada y psicoanalizada que genera la cultura de la hipocresía, del más o menos o, hasta ahí, no más. Por otro lado la TV nos distrae solícita y con “amor” de todo sentimiento de culpa. Sin embargo, a favor de la mentira (o no obstante la mentira) podemos decir que hemos construido un imperio, el imperio de la tecnología y de las relaciones “individualistas” entre hombres que, de manera muy desigual, funciona. Al fin al cabo nos comportamos como animales de costumbres: personas desconocidas traficando los negocios más increíbles y dispares que a veces se hacen sin saber a lo cierto el por qué, objetos inútiles comprados sólo por la fuerza de convicción de la publicidad, cuerpos que se ofrecen por un puñadito de monedas, pero sin ofender nunca la gloria de su majestad don dinero.

El dinero: La substitución del paraíso perdido. La victoria del hombre rico. La posibilidad de ser vanidosos sin avergonzarnos. La pasión y La belleza. Toda una cultura fundada sobre un protagonista innombrable y socarrón…

El mundo de los ''buenos'' y el mundo de los ''malos''. ¿A cuál de los dos pertenecemos? Si lo pensamos a fondo capaz que nos llevemos una sorpresa. ¿Somos buenos / malos o malos / buenos? ¿Las dudas? O tal vez, no sabemos nada sobre los buenos y los malos y esta es la opción más probable. O sea, vivimos casi todos en una nube y, quien sale de ella, es Gardel. Tenemos también que considerar el desgaste causado por la velocidad que imprime el progreso tecnológico al mundo actual, haciéndonos olvidar hasta de quienes somos, de nuestra esencia de hombres, las cosas buenas que se pierden en el camino, que se pueden rescatar para amarlas antes de que el tiempo inexorable las envejezca.

Este sitio intentará hacer un culto de la observación, mostrar los contrastes para definir realidades. La sorpresa puede llegar a ser que las noticias más insignificantes se conviertan en primicia, porque casi siempre la verdad se encuentra escondida en el significado de dos renglones de una nota "importante".

La realidad siempre supera a la ficción, pero, casi siempre es la ficción lo que tenemos en cuenta cuando alimentamos nuestra realidad. La ficción es lo primero que vemos. ¿Demasiado difícil? Bueno, todo eso somos…o intento ser a través de este sitio.


Luigi Lovecchio
 
     
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